jueves, diciembre 04, 2008

El Ruiseñor de Virreyes


Gruesos abrigos limitaban la kinesis impaciente de los oficinistas sobre el andén…
Los mortecinos focos en las guirnaldas victorianas alumbraban pobremente los extremos de la estación virreyes … en la penumbra bajo la visera ornamentada con descoloridas imágenes de la flor de lis esperábamos impacientes quizás con fastidio de la temprana hora de un lunes fuera del hogar… Aguardábamos en silencio, sumidos en la metafísica del momento y la conciencia de figuras semejantes alrededor de nuestros atávicos temores, no podíamos vernos bien… permanecíamos sin pronunciar palabra… quizás, tratando de adivinar algunos rasgos humanos en el minúsculo, anónimo y grisáceo purgatorio que compartíamos…. Delineado entre las sombras el tejado del andén enfrente parecía una gárgola con la boca abierta, la amarillenta luz en el interior de su boca salía de la única ventanilla de despacho de boletos al cual debíamos obligadamente cruzar por un puente de metal para luego retornar de la misma forma….. Al regresar aburridamente por los pulidos escalones de acero no pude menos que admirar la sólida construcción, consistente arquetipo de las construcciones Británicas.
Sumido en mis cavilaciones, resonaban en mi cabeza las palabras de Mitre de algún libro de la historia de 1862:
“¿Quien impulsa este progreso? Señores: es el capital ingles”
Pensé un poco mas en la desventura de los verdaderos dueños de estas tierras cuando la bayoneta ferroviaria inglesa los invadió portando a las huestes del Gral. Roca y su eufemista “campaña del desierto”, que no fue otra cosa que un genocidio mal disimulado de todas las tribus indias….. Cayupán, Nahuelpán, Namuncura y otros ….20.000 de la contable masacre…. Los hombres murieron casi todos… las mujeres fueron subyugadas a la servidumbre de los conquistadores…. Una masacre organizada y regenteada por el imperio y sus lacayos sanguinarios.
(Quizás nos merecemos el resultado de los delirios de un Galtieri apoyado en su mediocridad alcohólica, una campaña mal planeada en el desierto de las heladas islas del sur….)
El máximo crecimiento de la red ferroviaria llego a los 47.000 kilómetros de extensión en el año 1957, desde entonces empezó a menguar en forma sostenida, hasta transformarse en un medio deficitario al garete de la política y las necesidades de la población.
Con las primeras claridades del sol, el aleteo de un ave que no podíamos identificar se poso en la punta de una de las flores de lis del tejado….. Todos nos quedamos inmóviles, como con temor de espantarla con un movimiento torpe….. Esa bella figura alada, como un ángel celestial, se había apropiado con su presencia de toda la Estación Virreyes….. Embelesados por la libertad y elegancia de la fina ave nos transportamos al paraíso.
En ese instante de quietud cristalina, el ave se estremeció e inflo su pecho, abrió su pico y emitió un entonado y vibrante arpegio agudo que nos llego a todos hasta el alma….. La muchedumbre silenciosa dejo escapar algunas lágrimas en la consiguiente letanía melodiosa del gorjeo del Ruiseñor dulcificando nuestros pesares y serenando nuestros espíritus en una emoción idílica.
Cuando el tren llego con su pesado andar, subimos esta vez sin que nos importara la comodidad de los asientos, un poco cómplices del encantamiento de los sentidos y del espíritu…. Sonreíamos todos levemente ante la perplejidad de algunos pasajeros de otras estaciones que no podían adivinar de que se trataba esa atmosfera común en casi todos los vagones…. Luego… nos perdimos en el anonimato de la estación Terminal de Retiro, algo cabizbajos, mirándonos algunos…. como recordando…
Estoy muy seguro en mi corazón que todos los que compartimos ese anden esa madrugada, no podrán olvidar nunca un silencio tan profundo como el de esa mañana a las 5.30 en el anden de aquella vieja estación inglesa…. Cuando Dios nos hablo a través del Ruiseñor.

1 comentario:

lanochedemedianoche dijo...

Tantas cosas pasaron en nuestra querida argentina que tener el privilegio de el canto del ruiseñor es ya de por si mágico, saber que al menos que canta aún en esta tierra abandonada por sus gobernantes, que no ven ni oyen mas allá de sus conveniencias.

Besos